El complejo petroquímico de Tarragona

Es uno de los polos industriales más importantes de España, una importante concentración de empresas que ocupa una superficie de unas 1.200 hectáreas entre los términos La Canonja y Vila-Seca, aunque el complejo también incluye las ciudades de Reus, Salou, Constantí, El Morell y La Pobla de Mafumet.

En La Canonja, a medio camino entre Tarragona y Vilaseca, el Polígono Industrial Entrevies se extiende sobre 1.200 hectáreas de terreno y alberga hasta 40 empresas petroquímicas en un distópico parque de atracciones desde la calle. Esta pequeña ciudad industrial se ha convertido en un “motor estratégico” indispensable para la región, como señala Laura Rogé, presidenta de la Cámara de Comercio de Tarragona.

El complejo representa más del 25% de la industria química española y, según el Ayuntamiento de Tarragona, la producción química de la región supone el 0,7% de la producción mundial. Financiado por el Instituto Nacional de Industria para una primera refinería, el complejo es el más grande del sur de Europa tras la fusión de varias empresas.

Industrias químicas con tradición

IQOXE heredó la tradición de la antigua Compañía IQA, que inició su producción en 1964 con la participación de varias empresas químicas multinacionales (Shell, Explosivos Rio Tinto, Hoescht, Cepsa). Poco a poco se fueron abriendo nuevas instalaciones de fabricación, que en 1967 alcanzaron las 460.000 toneladas de una decena de derivados químicos y emplearon a un total de 446 trabajadores.

En 1978 se puso en funcionamiento la actual planta de óxido de etileno y glicol, en 1985 la multinacional Shell adquirió el 100% de las acciones de la empresa, que vendió a La Seda de Barcelona (LSB) en 1995. Solo recientemente, en abril de 2014, el Grupo Industrial CL adquirió las instalaciones de producción de LSB y creó así la nueva empresa IQOXE, según su propia información.

 

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Actualmente, IQOXE es el único productor de óxido de etileno en España con una capacidad instalada de 140.000 toneladas anuales. El 50% de esta producción se destina a la producción de glicol, una de las materias primas más importantes para la producción de polímeros PET.

Fundado en 1960, este complejo petroquímico es ahora el más importante de Cataluña, España y el sur de Europa. Su producción de 19.311.774 toneladas en 2019 (la cuarta más alta en 15 años) supone el 25% del total español y hasta el 50% del total catalán. Solo en el polígono se encuentra el 30% del producto interior bruto (PIB) generado por el Camp de Tarragona.

En sus refinerías, el gas natural y el petróleo crudo se convierten en valiosas materias primas o productos como plásticos, ácidos, combustibles o fertilizantes. La robusta IQOXE (Industrias Químicas de Óxido de Etileno) es la única empresa española que manipula este gas atóxico, que se utiliza para fabricar anticongelantes, poliéster o insecticidas. Otros procesos están controlados por empresas de renombre como Dow Chemical Company, Ercros, Repsol o BASF.

 

 

Aunque lidiar con materiales tóxicos e inflamables lo convierte en un sector complicado para el medio ambiente, los petroquímicos son el principal impulsor de la demanda mundial de petróleo, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), lo que los convierte en un sector particularmente atractivo para la inversión económica.

El empleo de Tarragona

Los petroquímicos son un catalizador de trabajo. Se estima que se crearán hasta 10.449 puestos de trabajo, entre directos (5.239) e indirectos (5.210), y hasta 35.000 puestos de trabajo inducidos. De estos últimos, casi 30.000 pertenecen al puerto de Tarragona, que recibe cada año 450 buques con más de 13 millones de toneladas de material, un movimiento que responde en un 63% a la actividad de la industria petroquímica. Con un volumen del 53,2% de las exportaciones, la industria química es la rama más importante de la economía de la región. La boca que da de comer a Tarragona.

A nivel catalán, la química es el tercer sector industrial más grande con 792 empresas que crearon hasta 34.416 puestos de trabajo directos en 2018 y cuya actividad, con una facturación de 17.556 millones de euros en 2017, representó el 16,9% de las exportaciones catalanas. A nivel español, representa el 13,4% del PIB industrial.

Esta relevancia económica aclara el futuro de la industria. Entre 2007 y 2018 creció un 31,97%. Según la Asociación Empresarial Química de Tarragona (AEQT), será un 4,5% más en 2030, lo que la convierte en la industria con mejores perspectivas junto a la conversión de caucho y plásticos.

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Sin embargo, los sindicatos ven estos pronósticos con mayor escepticismo. “Las empresas quieren que el cambio de modelo afecte a sus empleados y no a sus cuentas”, afirma Manel Candeal, responsable del sector químico de CCOO en Cataluña, que denuncia la precariedad de la mano de obra “demasiado escasa” con “demasiadas” horas extraordinarias de 10 a 15 años Hace una doble incertidumbre: medio ambiente y tecnología.

En 2018, las 30 empresas químicas de la AEQT emitieron 276,47 toneladas de nitrógeno a la atmósfera, el segundo valor más alto desde 2010. Sin embargo, han reducido significativamente las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas sólidas, y, en mucha menor medida , los de dióxido de carbono (CO2).

Salvando los problemas medioambientales

La actividad de la industria química está regulada por diversas directivas medioambientales, impulsadas tanto a nivel europeo como nacional, en las que se ve obligada a realizar mejoras tecnológicas para que sus procesos sean menos invasivos. En 2018, el sector destinó 414 millones de euros a estas mejoras, un aumento del 41% desde principios de siglo. Esto explica por qué la industria química también es la más innovadora del país con el 58% de las empresas involucradas.

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Como explican fuentes del Departament de Territori i Sostenibilitat, todas las empresas químicas que operan en Cataluña cuentan con un permiso medioambiental que garantiza el cumplimiento de estas normas. “Si la industria no fuera segura ni respetuosa con el medio ambiente, no sería aceptada”, afirma Juan José Meca, secretario general de la Asociación Catalana de la Industria Química (FedeQuim). Las cifras muestran que los accidentes como el del martes son minoría, ya que la incidencia de estos accidentes en las empresas de AEQT fue de 1,65 en 2018, mientras que a nivel español se produjeron 6,98 trabajadores lesionados por cada 1.000, lo que convierte a la química en el sector más seguro que hace.

Por su parte, la industria tarraconense defiende su papel como sector imprescindible de la transición energética y apuesta por una economía circular que dé alas a nuevos productos más sostenibles como los bioplásticos y los materiales degradables. La industria química utiliza aguas residuales municipales para sus procesos desde 2012, siendo 2018 su año récord con 4,7 hectómetros cúbicos. Este número debería seguir creciendo. Piden a Ecologistas en Acción que tomen más medidas para limitar el impacto de los petroquímicos, pero se muestran escépticos ante la nueva directiva medioambiental de la Comisión Europea, ya que no se sabe si supondrá nuevos impuestos para desanimar a este sector o, por el contrario, será “solo imagen”.